15 de septiembre de 2014

Alquimistas de bosque


Alfombra de musgo, 
almohada de hoja caduca
y un delantal naranja de sol para la desnudez.
Todo viene del bosque,
de la complicidad entre corzo y ratón,
piedra, hiedra, lluvia y escaramujo.
El frío está frío;
el calor, caliente
y maquillado con una fina capa de tierra en polvo.

Alquimistas de bosque:
barro en alimento,
ruina en hogar
envuelto en silencio vestido de pájaro en silencio.

Los disfraces del tiempo nunca remontan el valle,
aquí sólo se conoce un movimiento lento de sol o de cuerpo,
animal sin nombre que cruje entre la maleza
de una oscuridad pintada de cárabo.

Lo que no hagan sus manos
no lo harán las ramas del roble
porque aquí nadie trafica con el tiempo de nadie,
pero tarde o temprano siempre acaba llegando el invierno.
Las zarzas bien, gracias.











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