4 de octubre de 2014

De cómo el dos estalló en mil pedazos impares


Una postal: acompañada de una sirena, estrené el día nadando mar adentro. Ella era pez ola de burbujas, piel 
pensamiento diálogo, y una nube de seducción que colgaba por debajo de la sábana del horizonte; y yo seguía su rumbo. 
El fondo arenoso oscilaba abajo, tan abajo en la transparencia invisible del agua, que me producía vértigo: si no 
hubiera sido por los peces irisados que pasaban a nuestro lado, me hubiera costado creer que no estábamos volando. 
Insignificantes y entregadas a las corrientes en medio de una nada atravesada por olas pequeñas, flotamos en la 
inmensidad gelatinosa que nos mecía. 

Otra postal: cuando regresamos a la orilla, mi sirena desplegó pies. Podía caminar. El sol nos lamió el agua de la piel
pero dejó la sal. Sobre la arena nos esperaba nuestro rebaño en apertura y un tiempo lacio sin expectativas relleno
de una fuerza centrípeta lenta pero consistente. Construimos entre todas un autobús volador varado sobre la arena. A
pesar de que el sol no se moviera, pasaron las horas. Y la luz se acabó marchando.

La explosión: a la noche le brotó un bosque de manos anónimas sin tapujos. Sin darme cuenta, yo había abandonado mi
trayectoria de estrella fugaz y orbitaba flotando lentamente dentro de las fronteras indefininidas de una constelación flexible.
Ya no era sólo la estrella pequeña y tímida de siempre, sino que ahora yo era –todos éramos– la propia constelación.
No provocó un temblor de tierra. No hizo ruido. Ni siquiera un trueno sordo, o una brizna de brisa, o un encogimiento de
estómago: nada. Se rompió sin más. El número dos, que hasta aquel momento había sostenido la estructura y el
origen del mundo –aunque sólo fuera como base para construir múltiplos–, estalló en mil pedazos impares.

Más postales: pero dos de yo, de ese yo plural, nos apartamos a una esquinita tranquila a desplegar un laboratorio
clandestino de sortilegios y brujerías. Ya para entonces en el mundo habían cerrado el mar con un candado, tal
y como cierran siempre casi todo lo demás. Pero a nosotros nos daba igual: éramos del aire, de nuestra constelación
y de nosotros mismos. Reactivos, protocolos inventados, pipetas y biopsias. Experimentamos hasta que conseguimos
aislar en una probeta la molécula clave: polyetilamorina del ácido bungalovínico.

Acepté ser la rata de laboratorio y me la inyecté en vena. Rescato aquí algunas notas en mi cuaderno de laboratorio:
Provoca levitación inmediata. Embellece la percepción de la realidad. Incontinencia verbal y leves alteraciones del
sueño. Adictiva. Se metaboliza en todas las células del organismo y se elimina por vía pulmonar. Al cabo de las horas
no se observa resaca.

Toda la correspondencia entera: cada mañana nos despertamos todas hermanas. Todas amantes. La luz del día no
enmascara la localización vagabunda de las estrellas. Fluctúo libre y me columpio en el leve campo gravitatorio de
esta constelación naciente. Vuelo sin agua debajo. Muerto y fragmentado el número dos, ahora que soy en singular a la 
vez que en plural, todo es uno y parte de yo se percibe dispersándose e invadiendo discretamente los rincones de un 
mundo lleno de candados mientras acaricia dentro de mi bolsillo la llave maestra que llevo escondida.





























2 comentarios:

  1. Gracias, Eider. Eres poesía ......... Acá va un misterio con su dosis ....

    En el paseo de los Olmos de Donostia, cerca del ciervo de Dionisio García Arranz, hay una casita en un jardín: https://maps.google.es/maps?ll=43.321105,-1.943712&spn=0.000792,0.001206&t=h&z=20&layer=c&cbll=43.321054,-1.943617&panoid=X_GjAE9TRg8Mmho7vycCdA&cbp=12,167.55,,1,-0.44

    En una de sus fachadas dice algo así (no se ve en la foto enlazada): "Sorgiñ erreka. Hemengo ura Sargazoen itsasora doa. Txitxardin batek esan zidan" (Arroyo de las brujas. Este agua va al mar de los Sargazos. Me lo dijo una angula"). Estaría bien saber la historia detrás de este texto ...

    Saludos

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    1. La frase se ve en https://pbs.twimg.com/media/CAEiSwNWsAAINhS.jpg

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